La corrupción es el resultado más austero de un mal gobierno y una de las razones principales de las constantes fallas políticas y económicas de muchos países en desarrollo. La necesidad de hacer hincapié en la lucha contra la corrupción es hoy en día más evidente que nunca, ya que se estima que se paga $1 mil millones en sobornos por año.
Existe una opinión unánime de que los esfuerzos anticorrupción deben combinar iniciativas de instituciones internacionales, comunidades empresariales, el sector público y la sociedad civil, lo que requiere de acciones concretas para cambiar los sistemas de incentivo que sustentan a los sobornos y la extorsión. Esto concierne no sólo a los funcionarios del gobierno o a las grandes compañías. Los esfuerzos anticorrupción deben abarcar a los negocios pequeños y familiares, ya que éstos emplean grandes porciones de la población en la mayoría de los países en desarrollo.
Como la corrupción genera costos masivos que reducen el crecimiento y desarrollo económico, es crucial que los países en desarrollo diseñen e implementen iniciativas, principios y estándares efectivos contra la corrupción. Estos esfuerzos requieren de mecanismos institucionales que promuevan la transparencia, la responsabilidad y el compromiso tanto en los sectores públicos como en los privados.